Los acumuladores ahora también pueden ser digitales y esto genera consecuencias, que van desde el impacto en la huella de carbono hasta los costos de almacenamiento. Por cada email almacenado en nuestro correo, se generan diez gramos de dióxido de carbono al año.
Fotos, videos y documentos por WhatsApp. Cientos de correos electrónicos diarios. Archivos que guardamos en la computadora, el celular, la tablet o un disco externo “por las dudas”. Íconos agolpados en el escritorio que no nos dejan ver el fondo de pantalla.
Los acumuladores ahora también pueden ser digitales y, aunque parezca algo inocuo, esto genera consecuencias, que van desde el impacto en la huella de carbono, hasta los costos de almacenamiento y también en nuestros propios dispositivos, que funcionan más lento o no pueden actualizarse por falta de espacio.
En la era de la sobreinformación no es casual que, de manera paralela, en nuestro archivo personal, laboral y profesional, también haya excesos.
“Este momento se combina, primero, con una tendencia social preexistente de registrar, para el presente y para el futuro, momentos ordinarios y extraordinarios de la vida cotidiana”, señala a TN Mora Matassi, máster en Tecnología, Innovación, y Educación por la Universidad de Harvard, y Máster en Medios, Tecnología, y Sociedad por la Universidad de Northwestern.
“Y segundo, con el funcionamiento histórico de las burocracias, que se sostienen sobre su capacidad de registrar y almacenar datos”, agrega.
De acuerdo con la experta, esta tendencia se sustenta en la época en la que el mundo apuesta por la digitalización de sus distintas esferas.
“La combinación de estas dimensiones hace que en la actualidad se generen archivos personales donde no solo se acumulan las ‘capturas’ que hacemos de nuestras vidas personales, sino también los documentos digitales que aparecen como útiles y hasta casi necesarios”, apunta Matassi.
En este sentido, la pandemia ofició como un motor para potenciar el traslado de operaciones y tareas al mundo virtual. “Basta pensar en trámites estatales que se hacen por Internet, análisis clínicos que solo circulan en formato de pdf, o pruebas escolares que en la pandemia comenzaron a transitar por las pantallas”, ejemplifica.
Cuáles son los límites en la nube o almacenamiento digital
Aunque no podamos verlo como sucede en un armario o en cajones, los archivos que se mantienen en las nubes de almacenamiento o en celulares y computadoras, ocupan espacio.
Pero ¿hay un límite? ¿O el espacio puede comprarse de manera cuasi ilimitado? “Existe una tensión constante en el mundo de los medios digitales, entre lo potencialmente infinito y lo potencialmente finito. No está claro de antemano si eso es apreciado o no por el mercado”, explica Matassi.
El panorama, en este sentido, todavía plantea muchos interrogantes y actualmente, la disponibilidad del espacio depende del modo en que funcionen los gigantes tecnológicos.
“En los modelos de negocios ‘freemium’, lo acumulable, en términos de consumo, tiene un límite que puede ser corrido a costa de pagar un precio. Y en los modelos de algunas redes sociales, lo acumulable, en términos de producción, tiene un límite que no puede ser corrido más allá de lo que se pague. Como sucede, por ejemplo, en la limitación temporal de los videos de TikTok”, agrega la especialista.
Huella de carbono y basura virtual: qué es y cuál es el impacto que genera en el planeta.
¿Cuánto sale un mail o un WhatsApp que diga solamente “ok” o “gracias”? Podríamos pensar que nada. O qué está incluído en otros costos, como la electricidad, el pago de Internet o el dispositivo desde el que lo estamos enviando o recibiendo.
Pero lo cierto es que cada cosa que hacemos, por más mínima que sea, al multiplicarla por millones se convierte en algo gigante y tiene un costo alto para el planeta. Cada dato requiere alimentar centros de cómputos, dispositivos y hasta el acceso a la red.
Se denomina “huella de carbono” a aquella “marca” que los seres humanos dejan en el planeta de acuerdo con el impacto que generan las actividades que realizan. Es decir que permite conocer el volumen de gases de efecto invernadero que produce una actividad o servicio, y se mide en toneladas de dióxido de carbono (CO2) emitidas.
Aunque parezca increíble, chatear, enviar imágenes y crear documentos también genera emisiones de efecto invernadero. Podríamos denominar “basura” virtual a todos esos elementos que se acumulan por tiempo indeterminado, no utilizamos ni necesitamos.
Según la start-up francesa CleanFox por cada email almacenado en nuestro correo, se generan diez gramos de CO2 al año.
En 2019 una empresa energética británica analizó el impacto de 64 millones de correos innecesarios enviados ¡diariamente! por personas del Reino Unido.
La cuenta que hizo la empresa permite hacer una hipótesis: si cada británico enviara un correo menos a diario se dejarían de emitir 16.433 toneladas de dióxido de carbono, lo mismo que 80 mil vuelos desde Londres a Madrid o que salgan de circulación 3334 autos diésel.
Mike Berners-Lee, investigador especializado en la huella de carbono y autor de “There is no Planet B” (“No hay un planeta B”) explica la importancia de tener conciencia sobre lo que hacemos y generamos.
¿Por qué se produce la polución digital?
La polución digital se debe a que los emails se alojan en enormes centros de datos, que están permanentemente encendidos, por lo que además, hay que enfriarlos (a lo que se destina el 40% de la energía que consumen).
Además, la mayoría de los correos están duplicados para asegurar su “supervivencia” en caso de que un centro de datos sufriera una avería o un incendio.
“Si bien la huella de carbono de un correo electrónico no es enorme, es una excelente ilustración del principio más amplio de que eliminar los desechos de nuestras vidas es bueno para nuestro bienestar y bueno para el ambiente. Cada vez que damos un pequeño paso para cambiar nuestro comportamiento, ya sea enviando menos correos electrónicos o llevando una taza de café reutilizable, debemos tratarlo como un recordatorio para nosotros y los demás de que nos preocupan aún más las decisiones realmente importantes sobre el carbono”, detalló.
Según Berners-Lee un correo con un adjunto de 1 MB ya genera el doble de dióxido de carbono, 19 gramos. Por supuesto, aunque este informe se hizo con los correos, lo mismo aplica al máximo generador de conversaciones de la actualidad, WhatsApp.
Cómo se puede reducir la huella de carbono digital
De la misma forma que podemos tener una compostera y reciclar para generar menos basura “real” en la vida diaria, en los dispositivos y en la nube podemos hacer diversas cosas para reducir la huella de carbono digital.
- Borrar correos y chats que no necesitamos. Eliminar solamente 30 mails ahorra 222 W.
- Cancelar la suscripción a newsletters que no nos interesan, para bajar el envío, la recepción y la acumulación de correos
- Borrar fotos, videos o archivos que tenemos almacenados en el celular, en otros dispositivos, o en la nube (Google Photos, iCloud, Dropbox o similares).
- No enviar adjuntos por correo o por WhatsApp a menos que sea necesario. Borrarlos si después no los vamos a necesitar.
- Eliminar chats y archivos innecesarios en WhatsApp para liberar la memoria del celular y para achicar el tamaño de las copias de respaldo que se hacen en la nube.
“No hay que depender de la computadora. Lo ideal es concentrar todo en una nube”, insiste Castro. “Puede ser Dropbox, Drive, hay muchas opciones. Por eso es clave descargar la carpeta de la nube elegida en los dispositivos que queramos, así vamos a tener disponibles todos los archivos desde el lugar en el que estemos”, apunta.
El objetivo, en definitiva, es optimizar tiempos, y también organizar la cabeza. “Tenés que mirar la computadora y verte a vos mismo actualmente”, dice.
Para aquellos que necesitan empezar de cero y poner en orden la acumulación de documentos en el escritorio, “Mis Documentos” o incluso quienes ya usen plataformas virtuales de almacenamiento, la experta aporta varias recomendaciones:
- Empezar por donde “haya más lío”.
- Guardar en carpetas. Concentrar en un solo lugar toda la información y dividir luego en carpetas básicas. “Todo, mails, imágenes, documentos, tienen que estar ordenados bajo el mismo criterio”.
- Definir prioridades, y tratar de no armar más de 10. “Para mí eso es como la esencia. Los emojis también son importantes: le dan un factor virtual que es visualmente cómodo”.
- Realizar el mismo procedimiento, de ordenar por “mundillos” o caterogías, pero hacia adentro. “Por ejemplo, en lo que sea de trabajo, se puede dividir en clientes, y dentro de cada cliente, por fechas”.
- Etiquetar con palabras claras, y dejar mayúsculas para “algo demasiado importante”.
- Como paso final, borrar. “Me duele mucho el ‘borrón y cuenta nueva’, lo que sucede en esta época. La limpieza de fin de año es prepararte para lo que viene, pero no podemos dejar todo para fin de año porque no llegamos, tiene que ser algo del día a día, que sea parte de una rutina”.
- Utilizar agendas o calendarios digitales. “Tiene que ser como nuestro pensadero, nuestro mejor asistente”.
Paso a paso: opciones para “limpiar” el archivo digital
Algunas opciones para no acumular documentos innecesarios por excesiva cantidad de tiempo, luego de organizarlos, se puede realizar una “purga” semanal en el celular: de archivos, mensajes y aplicaciones.
En la computadora, se puede hacer de manera mensual o incluso anual. Puede ser una buena oportunidad también para hacer backups en un disco externo o un pendrive.
En WhatsApp, que es la app más usada por muchos en reemplazo del mail, hay que dirigirse a Configuración > Administrar almacenamiento, para saber cuántos MB o GB hay en uso y empezar a limpiar al mensajero. Los videos y las fotos siempre son los archivos que más espacio ocupan.
En los celulares, otra alternativa más radical pero que también podría mejorar el uso del dispositivo es un formateo a fábrica. Guardar solamente lo que necesitamos y recurrir a la opción para empezar de cero, como cuando salió de la caja.
En cuanto al mensajero de Meta, se puede usar la opción de enviar fotos que se borran tras ser vistas, para que no ocupen lugar en el aparato ni en el del receptor. O bien programar los chats para que se borren tras determinados días.
